Periplos
Sin ver
más allá
de la lejanía
la bruma resalta torres
cuyas almenas se confunden en auras de monarcas
quienes fueron cubiertos de escoria
merced a sus iras.
La tarde se apaga,
arriban quejas
y el chirrido de un puente al bajar:
para que del portal asomen magos exentos de lágrimas
resueltos a lanzar carcajadas
hasta la alborada.
Con ojos fijos en el confín de la senda,
seguís
hacia la ciudad donde los habitantes parecen yacer
en una dimensión concebida a la medida de sus credos
añorando fiestas
y amores
de la vida
latentes
entre susurros escritos con caracteres rúnicos.
El futuro parece a veces seco de páramo,
a veces húmedo de negrura.
La que extrajo sonidos
de lo perdido
del atrevimiento a volver a querer
busca
con la misma sed
el último gesto que la pasión merece:
su deseo cumplido.
Como una hoja que aprendió a respirar bajo la lluvia
y sueña
con dormir a cubierto.

